Entrevista Iván Dumont, diseñador y fotógrafo
"El traje es una joya"
"Osmel quería algo que pareciera del Cirque du Soleil " Iván Dumont Diseñador y fotógrafo
Osmel Sousa, cual Pigmalión inconforme, no se vio complacido en sus deseos de mostrar a su Galatea de una forma impactante. Desconcierto. Pánico. Osmel estaba negado a más damas antañonas, diablas danzantes o esclavas manumisas.
Ante este panorama, el Zar de la belleza volcó su mirada ya casi desesperada hacia Iván Dumont, uno de los fotógrafos oficiales del certamen. A él, propúsole -conociendo sus habilidades creativas- que trajese algunas ideas para vestir a Marelisa. "Deja el miedo, después vemos cómo lo hacemos" fue la frase que soltó Sousa a Dumont y que le abrió las puertas para que jugara con su imaginación.
Con la vista puesta en las artes, lejos del llano y el folcklore, Dumont se aventuró a buscar la inspiración para sus propuestas. La Universidad Central de Venezuela de Carlos Raúl Villanueva, el cinetismo escultórico de Alejandro Otero y el entramado de alambres de Gego llegaron en forma de incipientes bocetos de vestidos a la Quinta del Miss Venezuela apenas a un fin de semana de hecha la invitación para sacar un atuendo de la nada.
Otero ganó la contienda. Su obra, el ABRA SOLAR, dio en el clavo de lo que Sousa esperaba para vestir a su musa de este año. La imponente pieza ubicada en la Plaza Venezuela y realizada en metal, destella con el reflejo de la luz del sol y gira sus aspas con el viento, elementos que la mente maestra de las coronas criollas precisa tenga un vestido para que cause un gran efecto sobre el escenario. "Osmel quería algo que pareciera del Cirque du Soleil, que brillara, se moviera y tuviera una gran presencia", explica Dumont.
Las casualidades se fueron sumando una a una en el proceso de elaboración del traje, que fue bautizado como ALMA SOLAR. Superados los escollos sobre los materiales a emplear, que dejaron por fuera los espejos, vinilos y acetatos brillantes, fue la plata el metal seleccionado. "Siempre tuve la inquietud de que, al trabajar con un obra de Otero, el traje fuera metálico", apunta Dumont. A partir de ese momento, el trabajo de diseño y confección de la vestimenta se convirtió en una labor multidisciplinaria. "Lo interesante es que hay ingeniería, arquitectura, orfebrería, alta costura, y la parte visual, todo integrado", asegura Dumont.
Con las labores divididas, fue el diseñador Hugo Espina el asignado para la confección del vestido. "Confiamos en su experiencia en el manejo de vestuario para escenarios, tiene un taller especializado en esa área", indica el creador del traje. La orfebre Ingebor Klapper brindó la asesoría sobre la plata y se encargó de la elaboración, corte y pulitura de los triángulos metálicos. "Son hechos a mano uno a uno, no es un troquel", advierte Dumont.
Con un trabajo que se fue armando "sobre la marcha", como asegura el visionario padre del atuendo que quedó conformado por tres piezas: una malla color piel bordada en triángulos de plata, una estructura desplegable que va adosada en la espalda y un vistoso tocado.
Tener el traje ya listo fue un alivio para Dumont, quien confiesa que prefirió verlo "de reojo" y concentrarse en la reacción de Osmel Sousa. "Cuando él lo vió, le brillaron los ojos", cuenta el diseñador. Para él, la meta se cumplió. "Quería llevar a Otero al Miss Universo, en un vestido con el Marelisa se identificara sin que fuera un disfraz, el traje es una joya".
Roberto Rodríguez M.
EL UNIVERSAL
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