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viernes, 10 de junio de 2011

Ruddy Rodríguez, la inolvidable


La venezolana debutó en las tablas con la obra Ella en mi cabeza y prepara su regreso a la televisión con la novela Te olvidé.

Alberto Fernández R.
Espacial para El Nuevo Siglo.
Ella en mi cabeza

Pasan los años y ella sigue vigente. Cuando era adolescente deslumbró al mundo con su belleza, aunque han sido su talento y dedicación la base de una polifacética carrera. A eso hay que sumarle su carisma y calidez humana, tal vez, el verdadero secreto de su éxito. Así es Ruddy Rodríguez, la venezolana que ha enamorado a los colombianos por cerca de un cuarto de siglo.


Para seguir asiéndolo, hace poco Ruddy debutó en las tablas colombianas. No lo hizo con su monologo Una mujer con suerte, que desde hace 10 años presenta por América Latina y Estados Unidos, sino con la obra Ella en mi cabeza.

La obra se centra en los aciertos y desaciertos de los matrimonios de este tiempo, pero con toque surrealista. En ella da vida a Laura, que, en sus palabras, “es una ama de casa como cualquiera”.

Pero desde la perspectiva del trastornado Adrián, protagonista de la historia, “es una vedette, una Hitler, una institutriz fastidiosa. Pero esa no es ella, es la visión desdibujada que tiene de Laura. Solo al final se da cuenta que su esposa es una ser humano maravillo, con sus virtudes y defectos”.

Para quienes no alcancen a verla en vivo y en directo en el Teatro Nacional Fanny Mikey de Bogotá (Calle 71 # 10-25), la obra estará en temporada hasta el 18 de este mes, la buena noticia es que pronto regresará a la televisión con Te olvidé, la nueva producción del Canal Caracol que actualmente se graba en Barranquilla y para la cual tomó clases de cumbia.

Y para el deleite de los que quieran verla otra vez en las tablas, confiesa que le “encantaría presentar mi propia producción en Colombia, son una hora y 20 minutos en los que yo sola hago muchas cosas en el escenario que la gente ni se imagina”. Y este deseo no estaría tan lejos, pues “a través de Ella en mi cabeza se está abriendo el camino, ha sido como ‘hola también hago teatro, quiero que me conozcan en teatro’”.
¡Ruddy Rodríguez hay para rato!

Actriz antes que Miss

Ruddy incursionó en el mundo del espectáculo tras participar en Miss Venezuela1985. Ella ocupó el segundo lugar en este certamen, lo cual le significó la banda Miss World Venezuela.

Ese mismo año concursó en Miss Mundo, figurando como tercera finalista. Este título la ayudó a incursionar en el cine como “la primera Chica Bond Latina”: fue escogida para interpretar un corto papel en The Living Daylights (1986), película en la que Timothy Dalton dio vida al agente  007.

Pero Ruddy es categórica en aclarar que ella “fue primero actriz que Miss”, sin perder esa mágica sonrisa. Además, “siempre digo que ‘yo pase por el Miss Venezuela, pero el Miss Venezuela no pasó por mí’. Era tan rebelde: entre de última, no me dejaba hacer muchas cosas y tenía el pelo corto. Soy como una especie de diva antidiva, siempre hago las cosas distintas. Pero el distinto me ha funcionado toda la vida, que no lo voy a cambiar”.

De su infancia, en su natal Caracas, recuerda dos cosas. La primera, que fue una época “recontra” feliz.  “No habían lujos, pero me la goce. Me metí en todos los deportes baratos y jugué muchas cosas de hombres, como beisbol, futbol, natación y waterpolo”.

La segunda, su sueño de ser actriz. “Desde pequeña he sido una comediante innata. Cualquier persona que estuviera de moda, yo la imitaba. Impostaba la voz, me disfrazaba, bailaba, cantaba y hasta orquestaba. En mi casa todos ya sabían que iba a ser actriz”, cuenta con cierto orgullo.

Ese sueño se hizo realidad. Fue salir de las pasarelas para que llegaran las primeras telenovelas y en 1988 consiguió su primer protagónico en Niña bonita. Desde entonces ha participado en cerca de 50 producciones, tanto para cine como para televisión.

Y el mercado colombiano ha sido pieza importante de su carrera. “De una y otra manera, siempre he tenido una sinergia con Colombia. Por ejemplo, las primeras novelas colombianas que se vendieron en el exterior fueron conmigo. Ha sido una relación muy chévere, que va más allá de lo comercial y actoral. Nos ayudamos mutuamente”.

Además, desde hace dos años y medio, está radicada en el país. Así como ella ha enamorado a cientos en estas tierras, fue un colombiano quien conquistó su corazón, el rejoneador Juan Rafael Restrepo.
“Desde el año 89 (año en el que grabó Las Ibáñez), entro y salgo de Colombia. Esta es la primera vez que me quedo, por mi relación con Juan Rafael. Decidimos empezar una vida juntos aquí y no en Venezuela porque él es torero y esta es su plaza”, explica.

Por todo esto, Ruddy dice sentirse “con una lama muy venezolana y un corazón muy colombiano. Yo siempre lo digo, (Colombia) es mi segunda patria, es mi hogar”.

http://www.elnuevosiglo.com.co/cultura/sociedad-y-cultura/37141-ruddy-rodriguez-la-inolvidable.html

sábado, 7 de mayo de 2011

RUDY RODRIGUEZ. DEL MISS VENEZUELA AL EXITO INTERNACIONAL

Ruddy Rodríguez está en ‘Ella en mi cabeza’



En el reino de la madurez


Por: Juan Carlos Piedrahíta B.


La actriz venezolana está radicada en Colombia desde hace más de dos años. Además de su participación en la obra del Teatro Nacional, está tomando clases de cumbia para ‘No te olvides’, su próxima novela.


Ruddy Rodríguez en las tablasFoto: Diana SánchezCon 'Ella en mi cabeza', Ruddy Rodríguez debuta en las tablas en Colombia. Enlaces patrocinados - PauteFacil.com





En lo que ella misma denomina como sus 23 segundos de gloria como chica James Bond al lado del poco recordado Timothy Dalton, también tenía el respaldo de sus manchas secuaces. Ruddy Rodríguez sospecha que aparecieron gracias a dos escenarios: las horas dedicadas al baloncesto en donde, además, conoció a su primer novio, y la natación, única afición que le podían pagar sus padres porque su verdadera inclinación era la danza clásica.


“A mí hay una corona que nadie me ha podido quitar: yo fui primero actriz y luego Miss Venezuela”, dice para recordar que comenzó en el grupo de teatro Rajatabla y después de su incursión en el mundo ajeno de los desfiles, los jurados y las chaperonas, apareció en la novela Niña bonita, su inolvidable debut.


A Colombia llegó en los años 80 como protagonista de la serie Nicolasa y Bernardina, Las Ibáñez. Allí aprendió que un actor con apuntador podría convertirse en un simple loro con habilidad para repetir y repetir. A ella aquello de imitar le quedaba como un traje sobre medidas. A eso se había dedicado a la espalda de su mamá, una italiana de ojos verdes que nunca perdió el acento y a quien le copió más de un dicho. Sin embargo, Ruddy Rodríguez está sobre el planeta para mucho más que imitar. A su favor siempre ha tenido la condición para asumir posturas corporales ajenas, una voz con características de camaleón y una disposición única para emprender proyectos y arriesgarse a hacer algo distinto.


Cuando no estaban en boga los calendarios, se aventuró a hacer uno y con más pena que agrado posó para las fotos que en ese entonces eran mucho menos retocadas que en la actualidad. “Odio la vulgaridad y no me gusta exponer mi cuerpo de esa manera. Antes pensaba que sería incapaz de empelotarme y ahora ratifico ese pensamiento”, comenta la venezolana, que se lanzó a la conquista internacional con un papel de reparto en la serie española Brigada central, protagonizada por Margarita Rosa de Francisco. Allí un director le dijo que su apellido era muy difícil de pronunciar y que debería aprovechar su ancestro italiano y adoptar el apellido materno, De Lucía. A esta propuesta indecente, ella contestó con un categórico “no”, como forma de respeto al público latino que ya estaba relacionado con su nombre.


Después de esta participación, Ruddy Rodríguez ha protagonizado novelas como Pasiones secretas, Agua marina, El inútil, Cómplices, entre muchas otras. “Rubiela, a quien le decían Rubiola, ha sido uno de los personajes más acertados porque logramos que no la vieran como una bruja porque se debatía entre los dos amores. Víctor Mallarino desde el comienzo me dijo: ‘Yo me voy a quedar con Rubiela’ y yo le decía: ‘Imposible, la novela se llama El inútil y lo lógico es que Rubiela se quede con el protagonista’. Al final, Mallarino tenía razón”, dice la actriz, quien disfruta ahora el hecho de actuar en historias para adultos y no para adolescentes.


Por eso participa en la pieza teatral Ella en mi cabeza, de Óscar Martínez, en la que interpreta a Laura, una suerte de aparición que pasa con facilidad de ser una dictadora a una actriz española de porno. Ruddy Rodríguez nunca había hecho teatro en Colombia, aunque tiene un monólogo desde hace 10 años con el que ha viajado por América Latina, y decidió aceptar la oferta por darse el lujo de decir: “Yo estuve también en las tablas”.


En este momento la actriz se prepara para protagonizar No te olvides, una novela para la que está tomando clases de cumbia porque siempre le ha gustado exigirse al máximo. “Toca así porque puedo vivir del cuerpo, no tengo tiempo para eso. Cuanto más uno se mira, se notan más las arrugas. Prefiero que los años vayan pasando con mucha dignidad. A mí no me ha pegado duro ninguna edad, ni los 20, ni los 30, ni los 40”, asegura sonriente sin recodar que algún día existieron Pepa y Penélope.

Pepa y Penélope la acompañaron durante casi toda la vida. Hace un par de años la abandonaron y se fueron, al parecer, sin rumbo fijo. Ruddy Rodríguez no las extraña pero sí recuerda todas esas empasteladas de maquillaje de las que fue víctima por culpa de estas dos manchas que gobernaron hasta hace muy poco sus pómulos. En Miss Venezuela, en donde fue la señorita Anzoátegui, poca conciencia tenía de sus atributos y por eso le pasó de todo en el certamen. Besó el suelo mientras desfilaba, el tigre del Circo de los Hermanos Gasca se quiso quedar con su vestido y sólo logró rasgarlo con su garra, una de sus compañeras le quiso quitar la corona de la cabeza porque a ella ya se la habían prometido; y otra, simplemente, le declaró su amor. “A mí no me gustan las mujeres, pero gracias por tu cariño”, fue lo único que atinó a decir frente a semejante confesión.